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Cuando una empresa crece más rápido que su organización

| Carme Sáez
Cuando una empresa crece más rápido que su organización

Crecer es una buena noticia. Pero no siempre es fácil gestionar lo que viene después.

Hay empresas que evolucionan muy rápidamente: aumenta la actividad, se incorporan personas, aparecen nuevas responsabilidades y la complejidad del día a día crece. Pero la organización interna no siempre evoluciona al mismo ritmo.

Y llega un momento en que una forma de funcionar que había sido útil durante años empieza a generar tensiones.

Las decisiones se concentran en pocas personas, cuesta delegar, algunos roles no están suficientemente definidos y una parte importante del tiempo de dirección se destina a resolver cuestiones operativas.

En estos casos, el problema no es necesariamente la estrategia de negocio.

El reto es conseguir que la organización esté preparada para sostener el crecimiento.

Cuando la estructura ya no acompaña al negocio

En empresas que han crecido de manera progresiva es habitual que la organización se haya ido construyendo sobre la marcha.

Se incorporan personas cuando hacen falta.

Aparecen nuevas funciones.

Algunos profesionales asumen más responsabilidades.

Y muchos procesos siguen funcionando porque las personas que hay detrás saben perfectamente qué deben hacer.

Este modelo puede funcionar muy bien durante una etapa.

Pero, cuando la empresa aumenta de tamaño, empezar a depender excesivamente del conocimiento informal o de la intervención constante de unas pocas personas puede convertirse en un freno.

Entonces aparecen preguntas que hasta ese momento quizás no habían sido necesarias:

  • ¿Quién es responsable de cada decisión?
  • ¿Qué funciones corresponden realmente a cada rol?
  • ¿Qué decisiones se pueden delegar?
  • ¿Cómo nos coordinamos?
  • ¿Qué procesos necesitamos definir mejor?
  • ¿Qué debería seguir pasando por dirección y qué ya no?

Responder estas preguntas es una parte esencial del proceso de profesionalización.

Gerencia part-time: entrar en la organización para ayudarla a evolucionar

En una situación de este tipo, Thinquery participó en un proceso de gerencia part-time.

El objetivo no era elaborar un diagnóstico externo y presentar una lista de recomendaciones.

Había que trabajar desde dentro.

Entender cómo funcionaba realmente la organización, identificar dónde se producían los principales cuellos de botella y ayudar a construir una estructura de gestión más adecuada a la nueva realidad.

Esto implica combinar mirada estratégica y trabajo muy concreto sobre el funcionamiento cotidiano.

Entre las cuestiones que se pueden abordar en un proceso de este tipo están:

• la estructura organizativa;
• la definición de funciones y responsabilidades;
• los niveles de decisión;
• los procesos internos;
• los sistemas de coordinación;
• las reuniones;
• la delegación;
• y el desarrollo de las personas que asumen responsabilidades de gestión.

No se trata de añadir burocracia.

Se trata de generar claridad.

Delegar necesita estructura

Uno de los puntos que aparece a menudo en empresas en crecimiento es la dificultad para delegar.

Pero delegar no consiste simplemente en traspasar una tarea a otra persona.

Para que haya autonomía real es necesario que esa persona sepa:

qué se espera de ella,

qué margen de decisión tiene,

con quién debe coordinarse,

y cuándo un asunto debe escalarse.

Si esto no está definido, es fácil que muchas decisiones acaben volviendo al mismo lugar.

Y la dirección sigue atrapada en el día a día.

Por eso, profesionalizar una organización también implica crear las condiciones para que otras personas puedan asumir responsabilidades con seguridad.

El objetivo no es controlar más

A veces, cuando hablamos de procesos, organigramas o responsabilidades, puede parecer que profesionalizar significa controlar más.

Es justamente al contrario.

Una organización bien estructurada necesita menos intervención constante.

Las personas saben qué se espera de ellas.

Las decisiones pueden tomarse más cerca de donde se produce el problema.

La información circula mejor.

Y la dirección puede dedicar más tiempo a las cuestiones que realmente necesitan su atención.

La estructura deja de ser una limitación y pasa a facilitar el funcionamiento de la empresa.

Profesionalizar también es preparar el futuro

Cuando una empresa depende excesivamente de pocas personas, el problema no solo afecta al presente.

También condiciona el futuro.

Puede dificultar nuevos crecimientos, generar sobrecarga, limitar el desarrollo del talento interno o hacer más difícil afrontar cambios.

Por eso, revisar la organización no es solo una cuestión de eficiencia.

Es también una decisión estratégica.

Una empresa preparada para crecer necesita que el negocio y la organización evolucionen al mismo ritmo.

¿Qué nos llevamos de este tipo de proyectos?

Hay momentos en los que una empresa no necesita más ideas.

Necesita orden.

Aclarar quién hace qué.

Definir quién decide.

Revisar cómo se coordinan las personas.

Dar más autonomía.

Y ayudar a la dirección a salir progresivamente de cuestiones que ya no deberían depender de ella.

La gerencia a tiempo parcial permite acompañar esta transformación combinando una mirada externa con una implicación real en el funcionamiento de la organización.

Porque crecer no es solo facturar más o incorporar más personas.

También significa construir una organización capaz de sostener ese crecimiento.

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